La fascinación

La diferencia entre un mago y un matemático es que el mago nunca te revelará sus secretos, mientras que el matemático está deseando hacerlo.
Esta diferencia fundamental se diluye sin embargo en los libros de magia, en los que los ilusionistas explican algunos de sus trucos a colegas y aficionados. Un libro de magia es un lugar paradójico de secretos explicados; en eso se parece un poco a un libro de matemáticas.
La obra que tienes entre tus manos es un ejemplo destacado y particular de esa coincidencia entre magos y matemáticos. Son libros de matemáticas, es verdad, pero también son libros de magia, o tal vez más lo segundo que lo primero, o viceversa.
Las matemáticas son el arte de los patrones, de la regularidad, de la sucesión, son un terreno en el que se encuentra cómodo lo predecible, lo mensurable y lo exacto. La magia es, por el contrario, el lugar del asombro. ¿Cómo puede ser entonces que exista siquiera el concepto de magia matemática? Ilusiones matemáticas lo explica (y lo ejemplifica) muy bien. La naturaleza del asombro está a veces disfrazada, escondida, en caminos de regularidad y exactitud. Las matemáticas saben mucho de simetría, de combinaciones, los números esconden entre ellos secretos a la vista, solo perceptibles para el ojo experto. Y ahí, a veces, habita el asombro, tanto más oculto cuanto inesperado es el lugar en el que se esconde. Un buen truco de magia matemática es un secreto a voces que nos sorprende desde el lugar en el que se supone que las sorpresas no existen… y por eso nos fascina. Este de la fascinación es, permíteme que te lo diga, el más destacado lugar de encuentro de magos y matemáticos. Un matemático perdido en medio de sus investigaciones está jugando con sus particulares cartas y dados y cifras y diagramas, buscando sus secretos más íntimos. Un mago diseñando un juego nuevo está descubriendo patrones ocultos con los que alimentar la habilidad de sus manos. Y cuando ambos encuentran el secreto, el patrón, la relación que buscaban y que se resistía a aparecer, entonces surge la fascinación, entonces el rayo lanza su luz al cerebro. Una nueva y sorprendente pieza ha sido colocada en el puzle del mundo. Compartir esa fascinación y provocarla en otros es entonces el objetivo del mago y del matemático, cada cual con su estilo, o ambos mezclados.
Esta obra está repleta de esas fascinaciones, está plagada de pequeños y grandes patrones secretos revestidos adecuadamente de historias que nos ayudan a compartirlos y a disfrutarlos. Estos libros te van a dar muchas satisfacciones. Vas a encontrarte repetidas veces con media sonrisa en la cara, esa media sonrisa que tiene quien acaba de descubrir que sabe algo nuevo, distinto, sorprendente. Y vas a tener que admitir que esa sonrisa está provocada por las matemáticas, disfrazadas de magia, es verdad, pero matemáticas a fin de cuentas. Son dos volúmenes fascinantes, la magia es fascinante, las matemáticas son fascinantes.
Así que juguemos: di un número cualquiera, escoge una carta… y prepárate para la sorpresa. El espectáculo está a punto de comenzar.

Eduardo Sáenz de Cabezón

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